La inspiración
Recuerdos de infancia y madurez
2/23/20262 min read


El otro día veía a un par de youtubers que sigo hace años recorriendo el mundo. Estaban en una ciudad muy peculiar, en un país del norte de África. Una ciudad donde las calles no son grises ni blancas, sino del color del cielo. No diré aún su nombre. Algunos ya sabrán cuál es; otros lo descubrirán más adelante, porque hay lugares que primero se sienten… y después se nombran.
Mientras los miraba caminar por esas callejuelas azules, con puertas antiguas y muros que parecen pintados por el mismo cielo, algo se movió dentro de mí. No era solo curiosidad. Era recuerdo.
Desde pequeño, los viajes han sido parte importante de mi vida. No siempre viajes largos ni exóticos, pero sí experiencias que me marcaron. Y hubo un momento clave que volvió a aparecer en mi memoria al ver esas imágenes.
En Chile, hace varios años, existía un programa de viajes conducido por Claudio Iturra. Recuerdo particularmente un episodio en esa misma ciudad azul. Su medina, el color de sus muros, la gente, el relato… todo me envolvió. Yo era más joven, quizá más ingenuo, pero profundamente soñador —eso no ha cambiado—. Ver a aquel viajero moverse con naturalidad por el mundo, disfrutar cada rincón, contar historias con pasión, me hizo pensar: algún día quiero vivir algo así.
No solo viajar.
Vivir viajando.
Sentir que el mundo es un espacio abierto y no una serie de límites.
Con el tiempo, la vida adulta hace lo suyo. La sociedad te envuelve en un sistema que funciona, que ordena, que da estabilidad. Y no hay nada malo en eso. Pero también es un sistema que, sin que uno lo note, puede enseñarte a conformarte. A reemplazar sueños profundos por metas pequeñas y logros pasajeros. A cambiar la ambición de explorar por la comodidad de repetir.
Yo mismo he sido parte de esa rueda. Trabajo, responsabilidades, rutinas. Todo eso forma parte de quien soy.
Pero al ver a Caro y Santi recorrer Chefchaouen —sí, esa era la ciudad azul— algo volvió a encenderse. No fue envidia. No fue comparación. Fue memoria. Fue recordar por qué hago lo que hago.
A veces uno no sabe quién está mirando desde el otro lado de la pantalla. No sabe a quién puede estar despertando un recuerdo, una inquietud o un sueño que parecía dormido. Hace años alguien hizo eso por mí. Y ahora, sin saberlo, ustedes lo volvieron a hacer.
No se trata de imitarlos.
Se trata de recordar el origen.
Viajo porque necesito sentir.
Viajo porque me transforma.
Viajo porque hay lugares que despiertan al niño que una vez miró la televisión y soñó con cruzar océanos.
Esa ciudad azul no es solo un destino. Es un símbolo. Es la prueba de que la inspiración puede quedarse dormida durante años, pero nunca desaparece del todo. Solo espera el momento adecuado para volver a encenderse.
Y esta vez, no quiero que ese fuego vuelva a apagarse.


